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“Contra la precariedad laboral: Modernidad y Protección”

by cscastillayleon — 10 marzo 2018 @ 13:09
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Artículo de Pablo Yáñez (Secretario de Comunicación de Cs Castilla y León) y Luis Cuadrillero (Economista y Analista Financiero) publicado en "El Mundo Diario de Castilla y León"

Incluso en un mes como el de febrero, en el que Castilla y León se ha sumado a la ligera dinámica nacional de bajada del desempleo, el escenario de precariedad laboral que como el resto de nuestro país se sufre en la Comunidad, no debe dibujar un optimismo ciego que impida ver, diagnosticar y atajar la gran lacra de nuestro mercado laboral.

En ese “positivo” mes de febrero, no sólo se firmaron en Castilla y León cinco mil contratos menos que en el mes de enero, sino que nueve de cada diez de esos contratos fueron contratos temporales.

Cuando uno examina además el dato de los 162.628 desempleados con profundidad, observa datos que invitan aún más a la preocupación.

De esa cifra, el sector servicios, clave en nuestro tejido económico, acumula algo más de 108.000 parados, cifra evidentemente elevada, entre la cual, en este mes de febrero, sólo setecientas personas encontraron un empleo, suponiendo este un número ínfimo y para nada optimista.

A su vez, hay otro dato que sirve para resumir la debilidad de nuestro mercado laboral.

En Castilla y León, un diez por ciento de los desempleados no han tenido previamente ningún trabajo. Quiere decir que hay dieciséis mil castellanos y leoneses inscritos en las listas del paro que buscan aún su primer empleo. Entre ellos, siete mil jóvenes menores de treinta años o cuatro mil mujeres mayores de cuarenta y cuatro.

Síntomas todos ellos de un mercado laboral debilitado y falto de dinamismo que ha condenado a miles de personas al desempleo, y a otras muchas a un escenario de precariedad e inestabilidad.

El diagnóstico es una España campeona de Europa de paro, contratos temporales que en muchos casos no superan una semana de duración, con trabajadores pobres que no alcanzan anualmente el salario mínimo, el establecimiento de ciudadanos de primera (indefinidos) y de segunda (temporales) y en resumen, la imposibilidad de promover proyectos de vida para una generación que se ha visto abocada a vivir en lo que ya se llama “el precariado”.

Las reformas y contrarreformas del PP contra el PSOE y del PSOE contra el PP no sólo han fracasado sino que son la causa que nos ha llevado a este escenario.

Los ciudadanos también hemos sufrido una “precarización” del debate político sobre el empleo viendo hasta ahora limitadas las alternativas bien a la posición de los socialistas, que quieren derogar para volver a la reforma con la que Zapatero dejó a tres millones de personas en la calle, o a la de los conservadores, empeñados en abaratar el despido y precarizar aún más nuestro mercado laboral.

Por ello Ciudadanos ha llevado hace pocos días al Congreso de los Diputados nuestra Ley de Lucha Contra la Precariedad, con el objetivo de que España deje de liderar las cifras de paro en la Unión Europea, con la intención de dibujar un nuevo y moderno marco laboral para el s.XXI y con la ambición de terminar con la discriminación entre trabajadores fijos y temporales, que termina por convertir a unos en ciudadanos de primera, y a otros en ciudadanos de segunda.

Hoy en España existen cuarenta modalidades distintas de contrato y sin embargo el noventa por ciento de los que se firman son contratos temporales, muchos de ellos “falsas temporalidades” que no dejan de esconder tras contratos precarios puestos de empleo fijos.

Proponemos un Contrato Único que termine con la discriminación, en el que todos los trabajadores tengan los mismos derechos desde el primer día en la empresa para que cada puesto de trabajo dependa del mérito y el esfuerzo y no de la caducidad de su contrato. Aprovechando además para elevar la indemnización en caso de despido hasta los veinte días por año trabajado desde los doce que hoy tienen los trabajadores temporales.

A ello se suma una “mochila de derechos” con la que se conseguiría que los trabajadores comenzasen a adquirir sus derechos desde el primer día en la empresa, a través de una aportación de la misma a una cuenta personal en la Seguridad Social, y que el trabajador portaría al cambiar de trabajo eligiendo si es en ese momento o en el de la jubilación cuando desea disponer de las cantidades acumuladas. Por primera vez, la antigüedad y los derechos vinculados pertenecerán al trabajador y no al puesto de trabajo.

Por último, la Ley de Ciudadanos contra la Precariedad va a apostar por premiar a aquellas empresas que menos despidan a través de incentivos y bonificaciones con el fin de reforzar la estabilidad y la calidad del empleo.

Se trata de generar modernidad como antídoto a la precariedad laboral que ha generado el viejo modelo laboral del bipartidismo, fracasado e instalado en una media del dieciocho por ciento de paro tanto durante los gobiernos del Partido Popular como durante los del Partido Socialista.

No podemos resignarnos a un sistema que condena a enlazar contratos temporales hasta el despido. Que ubica a millones de personas por debajo del salario mínimo interanual. Que cierra a los jóvenes las puertas de su futuro. Que no premia el esfuerzo. Que desprotege a quienes lo necesitan. Que no devuelve los esfuerzos y que impide la estabilidad necesaria para que convertida en seguridad, permita poner en marcha proyectos de vida personal y familiar.

Quien quiera gobernar España debe tener un proyecto para modernizar el mercado laboral y luchar contra la lacra del desempleo y la temporalidad. El nuestro pasa por la flexibilidad y la seguridad con la que otros países de nuestro entorno como Suecia o Dinamarca han generado realidades laborales exitosas para sus ciudadanos.

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